Castelvecchi
Editora&Comunicazione srl
Comunismo y organización
revolucionaria
[1974]
1.
El antagonismo de la
tendencia según Marx: actualidad de su análisis.
Casi al final del "capítulo
del dinero" de los Grundisse (1) Marx dice
que para conquistar el arco entero del discurso el orden de la argumentación
deberá transcurrir desde el análisis del equivalente monetario a la definición
de relación de producción, a la articulación interna de la producción, a su
reasumirse del Estado, en fin al estudio del mercado mundial -ámbito en que la
dialéctica de la parte y la totalidad llega a mostrarse como un después donde
todas las contradicciones se ponen en movimiento y emerge la violencia
destructiva de la crisis, "síntoma general de la superación de la premisa
e impulso a la asunción de una nueva forma histórica". Estas indicaciones
del período a atravesar son asumidas como fundamentales en la metodología
marxista: ellas permiten al análisis
desarrollarse correctamente sobre el plano del materialismo histórico y
afrontar el problema de la crisis, del Estado y consecuentemente -para nosotros
sumamente importante- el de la organización, como elemento de crítica de la
economía política. Y permite hacerlo en una perspectiva dentro de la cual la
prepotencia del desarrollo de la tendencia conduce el análisis no sólo a fijar
algunos elementos teóricos generalísimos, sino también a determinar el pasaje
particular, significativamente próximo a lo que mano a mano propone la
vivencia actual del desarrollo capitalista desde el punto de vista obrero.
Del resto, ya el curso de la discusión
marxista del problema del dinero, en los Grundisse, muestra como indistinguible
el nexo entre la crítica de la categoría económica "dinero" y la
propuesta política revolucionaria. En el dinero, en su génesis, ya desde el
inicio de la tendencia, aparece el desarrollo de una insuprimible
contradicción: en primer lugar, la contradicción que está implícita en la doble
existencia de la mercancía, cuando esta, "una vez, como producto
determinado, contiene idealmente (de manera latente) su valor de cambio en la
forma de existencia natural", mientras una segunda vez se presenta
"como valor de cambio manifiesto (dinero), el cual se deshizo de todo
vínculo con la forma de existencia natural del producto" (2). Esta
contradicción lógica se hace tendencia histórica plena.
La necesidad del cambio y la transformación
del producto en puro valor avanzó en la misma medida que la división del
trabajo, o sea con el carácter social de la producción. Pero la misma medida en
que esto último se desarrolla, se desarrolla el poder del dinero, o sea la
relación de cambio se fija como un poder externo al productor e independiente
de él. Lo que originariamente se presentaba como medio para promover la
producción, deviene una relación extraña al productor. En la misma proporción
en que el producto deviene dependiente del cambio, parece devenir independiente
de ellos, y parece crecer el abismo entre productos en cuanto tales y productos
en cuanto valores de cambio (Lineamenti,
I, p. 83)
Entonces, "no es el dinero el que produce
esta antítesis y contradicciones, y sobretodo el desarrollo de estas
contradicciones y antítesis que produce el poder aparentemente trascendental
del dinero" (3): de hecho la contradicción que el dinero registra es la
que hay entre el valor del trabajo como equivalente general del cambio de
mercancía, y las condiciones de la producción social dominada por el capital
-de un lado dinero como determinación y medida particular del valor de la
fuerza del trabajo vendida en el libre mercado, por el otro, opuesto a esta, el
carácter social de la producción de la que el capital se ha apropiado y que ha
transmutado en una potencia suya sobre el trabajo social, totalidad del
movimiento social haciéndose independiente, poder hecho autónomo y por sobre
los individuos. En este punto se dan las condiciones formales de la crisis.
Porque la cambiabilidad de la mercancía existe
por fuera de la misma mercancía como dinero, ha devenido algo diferente a ella,
extraño a ella; con lo que debe ser comparada, de la cual es sobretodo
desigual; entretanto la equiparación misma viene a depender de condiciones
externas, deviniendo entonces casual. (Elementos, I, p 85, y también pág 153,
155.)
En este punto esta abierta la posibilidad del
Estado como gestor de esta casualidad, como detentador de la violencia que debe
estabilizar la unidad y la estabilidad del progreso capitalístico de desarrollo
sobre, contra las contradicciones.
Todavía, la discusión puede parecer muy formal
("Más aún, antes de dejar este problema será necesario corregir la manera
idealista de exponerlo, la cual da la impresión que se trata de puras
determinaciones conceptuales y de la dialéctica de estos conceptos" (4))
En realidad esta primera expresión del análisis marxista del dinero, más que
ser formal, es limitada; esto en cuanto que solo toca un momento determinado de
la función del dinero en la sociedad del capital: detrás de la "manera
idealista" de la exposición se ve la variación progresiva de la función
del dinero frente a la modificación de las relaciones de producción en un
estadio en que la dialéctica privatista entre costos de producción y valor
general del trabajo social no está todavía resuelta. El dinero funciona
esencialmente de mediador entre costo de la fuerza de trabajo y valor del
trabajo social, de indicador del equilibrio del poder capitalista sobre esta
relación, de alusión formal al funcionamiento de la ley del valor sobre un
mundo del trabajo no más materialmente homogéneo, y en razón de eso su función
vive de algún modo en la misma contradicción que determina, la circulación a
pesar de todo parece mejorada en la relación de producción (donde la
valorización unilateral de la crisis de circulación es siempre de nuevo
comparada en las páginas de los Grundisse). Y aunque cuando Marx pasa "a
considerar el dinero en su tercera determinación, esto es en la función de
medida, la de ser el medio de cambio universal y por lo tanto la realización de
los precios de las mercancías" (5), cuando esto es definido "el
dinero como representante material de la riqueza" (6), esta determinación
de su análisis es definida con precisión: "es el mundo de la riqueza privada,
de la concurrencia capitalista que Marx tiene frente a sí, y el dinero
"como materia general de los contratos" y "Edén de la democracia
burguesa de la propiedad "igualdad y libertad son respetadas en el cambio
basado en el valor de cambio: el cambio del valor de cambio es la base
productiva, real de toda igualdad y libertad" (7).
Sin embargo la tendencia rompe la
determinación de la referencia a la época capitalista, referencia sobre la que
se funda el análisis marxista: la radicalidad de la crítica irrumpe al descubierto.
Lo que es resaltado al inicio es rebatido enseguida: del análisis del
equivalente monetario se debe pasar a la definición de relaciones de
producción. Ahora, desde este punto de vista, la primera ruptura que la
tendencia opera en la confrontación de la determinación capitalista de la época
dada ya está dentro de las consideraciones del dinero como representante de la
riqueza. Cómo es eso? "Si se considera la producción en su
totalidad", dice Marx, "lo misma relación del dinero es una relación
de producción" (8), es una relación de producción porque la relación del
dinero interpreta, en todas las determinaciones del ciclo del capital, el
trabajo asalariado como base y elemento esencial de la producción, es relación
de producción porque el cambio entre dinero y trabajo asalariado es total (9).
Desde este punto de vista, "sobre la base del trabajo asalariado, la
acción del dinero no es disolvente, sino más bien productiva" (10) Pero si
el dinero se presenta el mismo como función productiva, ahora la totalidad
abstraída de la existencia del dinero debe articularse de un modo radical con
el desarrollo del modo capitalista de producir, ahora esta totalidad deberá mano a mano emanciparse de su función de medición y de mediación general del
mercado y su función productiva referirse a una totalidad de trabajo social
homogénea, compacta y presente: el dinero no deberá ejercer más funciones de
mediación entre costos de producción y valor general del trabajo sino solamente
y directamente función de la producción social, reproducción de la relación de
trabajo asalariado sobre esta dimensión global. La función productiva del
dinero imprimirá al desarrollo del modo capitalista de producir la señal de una
furiosa voluntad de liberarse de una manifestación mediadora y referir la
propia capacidad de dominio sobre el trabajo asalariado fuera del pequeño
engaño del mercado, dentro de la dimensión de una sociabilidad general en la
cual el dinero, en el final del inicio de la historia capitalista, tiene
súbitamente la demanda.
He
aquí la tendencia. Pero hoy
la tendencia se ha hecho realidad, está presente. El capital financiero ha
empujado al trabajo a superar el resto de respeto que era inherente al valor
general del trabajo social, el capital planificado ha mostrado que sólo sobre
esta base material es posible el desarrollo capitalista. El carácter social de
la producción se ha impuesto dentro del modo capitalista de producir. Por tanto
ahora, "sobre la base del valor de cambio, el trabajo viene puesto como
trabajo general solamente mediante el cambio", solamente como trabajo
asalariado (11). El tiempo de trabajo como elemento cuantitativamente y
cualitativamente determinado es diferente, como tiempo de trabajo y como
división del trabajo, se dispersa en la máquina social de la producción de
mercancías (12), el trabajo inmediato deja de ser, como tal, base de la
producción (13) -por tanto ahora el dinero opone a la sociabilidad de la
producción la apropiación capitalista de la mercancía. De aquí el problema del
dinero deviene directamente el problema de la nueva y radical crisis del
dominio capitalista sobre el modo de producción: el dinero es la forma de un
dominio sobre el modo social de producir que, en la medida en que la producción
se socializa es "en una palabra, el desarrollo del individuo social que se
presenta como el gran pilar de la producción y de la riqueza" (14)- ha
perdido toda razón funcional de ser que no sea violencia de clase. La ley del
valor como ley de la recomposición social del trabajo se ejercita toda sobre este
terreno de arbitrariedad y de casualidad. Arbitrariedad y casualidad no más
referidas a disfunciones dialécticas de la circulación del dinero e imputables
a su duplicidad naturalmente contradictoria, sino que provienen del antagonismo
radical de una función de dominio, de una extrañeza potente y enemiga ya no más
recuperable en funciones de mediación, ya no más reajustable al proceso de
desarrollo, ya no más sustitutiva del desarrollo social. En la forma del dinero
el capital, que aunque ha creado las condiciones de la producción social,
muestra ser la barrera fundamental al ulterior desarrollo de las fuerzas
productivas.
Aquí viene ahora la nueva impostación que debe
asumir el problema del Estado en la crítica de la economía política, porque la
ruptura de la relación entre dinero y desarrollo muestra la misma figura de la
democracia burguesa, de la igualdad y de la libertad como momento obsoleto.
Funcional en el mundo del cambio, íntima articulación de todo esto,
libertad-igualdad-democracia permanecen ahora solo como apariencia -apariencia
no de una mistificación simultánea al interior del mundo del cambio, sino
propuesta sobre la disolución de la relación real de cambio- mistificación de
la mistificación, segunda potencia de la apariencia. El despotismo capitalista
exalta su figura sobre la caducidad de la función del dinero como mediación de
la anarquía de la producción, el Estado como órgano técnico del dominio exalta
la monstruosidad de su función en la completa desarticulación de la razón del
desarrollo. No es más tampoco el garante de la libertad burguesa: y en ese
mismo "ser libre", en el sentido que su poder es casual y arbitrario,
es como sólo puede ser quien mismo cree reconocer en el fetiche mismo una
función que no existe más. Es únicamente odio, desesperada voluntad de
supervivencia de clase. "Lo que se ha dicho de la máquina, vale también
para la combinación de la actividad humana y para el desarrollo de las
relaciones humanas" (15).
El "capítulo del dinero" sigue pues
la tendencia destinada a mostrar al dinero -después de haber mediado la figura
privatista del proceso general de producción- como índice de un antagonismo
que, sale dialécticamente del cambio, puesto como su función y su mediación
general. Se exaspera ahora en la relación irresoluble, violentamente crítica,
entre socialización de la producción y arbitrariedad de su representación en
términos de medida, de equivalencia, de representatividad. La misma dialéctica
de la relación del capital es la que está rota: el dinero ahora no se
representa más como momento de relación de clase sino cuando esto representa la
cara escindida, irresoluble, antagonista de la voluntad capitalista de dominio.
Es decir, representa el último resultado de una relación que, desarbolándose,
no pudo más que conducir a la separación. A pesar de lo que querían los
"socialistas", que la utopía señalara al dinero como mediación exacta
y representación del trabajo social. "Es un deseo tan piadoso como tonto
que el valor de cambio no se desarrolle en capital o que el trabajo que produce
el valor de cambio no se desarrolle en trabajo asalariado!"
2. Un
registro mistificado. El "economista "y la destrucción del concepto
de capital.
La tendencia descripta por Marx en el
"capítulo del dinero" encuentra hoy alguna correspondencia
mistificada en el plano de la ideología. Son en primer lugar los estudios
burgueses de la economía política tomando la madurez de la tendencia a la que
transcriben en la falsa conciencia de su teoría; y son también en segundo lugar
toda la serie de posiciones que emergen en el ámbito del movimiento
revolucionario y que trajeron conclusiones inexactas y peligrosas en la confusa
percepción del desarrollo capitalista. En ambos casos la tendencia es tomada
como resultado, como situación consolidada y extrema, más que como movimiento,
-siguiendo una metodología de descripción del desarrollo a través de grandes
imágenes extremas, que hoy son constantes. Detengámonos por ahora en las
posiciones de los economistas. Para los economistas el registro, la verificación
en negativo de la realización de la tendencia descripta por Marx, a propósito
del dinero, por el desarrollo capitalista entero, devino en la siempre extrema
experiencia del fracaso del progreso keynesiano. La tentativa de regular la
circulación, el ciclo, el proceso total del capital interviniendo sobre los
elementos en lucha y controlar la mediación, prefigurándola así continuamente,
tuvo en buena parte su espacio a través de la presunción clásica que tendía a
"estabilizar de golpe solamente la unidad sin la diferencia, la afirmación
sin la negación" (17). El "falso proceso al infinito" de la
circulación estaba siendo desplazado y recompuesto a partir del control sobre
los elementos que lo componían. Y con eso estaban siendo en efecto eliminados
una serie de posibilidades de crisis y la necesidad de recurrir a una violencia
de recomposición que bajase desde lo externo a restablecer la unidad del ciclo.
Verdaderamente era el dinero apareciendo como la figura intermedia que Marx
presenta: elemento de propulsión a la socialización de la producción, función
productiva y a la vez equivalente general, relación resultante entre
instrumento de medida del trabajo e instrumento de control del desarrollo. La
contradicción de su naturaleza había funcionado todavía una vez más
positivamente para el capital. Pero esta recomposición "socialista"
estalla hoy. La apariencia de la ruptura está dada por la irreductibilidad de
la clase operaria a devenir sujeto de este desarrollo, por el permanente
emerger del "trabajo asalariado que quiere en sí la autonomía", que
se pone como tal (18). La realidad de la ruptura se da al realizarse la
tendencia del desarrollo, por cuanto compete a la fuerza del trabajo
totalizadora, a su constituirse -por el desarrollo capitalista mismo -en
individuo social unificado y compacto.
El proyecto keynesiano de los economistas
estalla en este punto: preveía el control y la incitación al desarrollo entre
proporciones dadas. El control era la otra cara de la medida, -como enseñaba el
"capítulo del dinero" (19), el "socialismo" no incidía en
la ley proporcional que desciende desde la ley del valor para configurar el
movimiento social entero, -más bien podía darse sólo como uso de la diferencia
para la unidad, de la calificación para la igualdad. Deviniendo reaccionario,
el socialismo debe producir las condiciones de la propia existencia. La
réplica, en su lugar, es que en el movimiento real la socialización del sujeto
proletario se negaba a fijarlo, contraponía las condiciones de la producción al
comando del capital. Y ahora cuando el esfuerzo de los economistas para
eliminar la "irracionalidad" de la crisis de circulación parecía
premiado, el fruto no podía ser degustado, no más crisis de desproporción entre
los elementos del ciclo, sino desproporción -pura y simple- de clase obrera y
capital; no más dialéctica que recondujese la diferencia (de todos modos
producida) a la unidad, sino diferencia antagonista, unidad contra unidad.
La miseria de la ideología sigue a la crisis.
Del fracaso del proyecto keynesiano el economista desarrolla una conciencia
sólo negativa, o cuando menos exasperada. El emerger de una clase trabajadora
socializada y masificada lo conduce a negar el concepto de capital. Eso
deviene, por bien que se desarrolle, una "parábola", es la
incapacidad de determinarse como estructura homogénea, la "representación
indirecta de la realidad que no reproduce los particulares de la
estructura", aunque siempre puede reflotarse -es el funcionamiento clásico
del capital-la propiedad fundamental, en particular en una relación
determinada, con la fuerza del trabajo. De ninguna otra manera puede ser una
parábola: porque en efecto ninguna propiedad fundamental es lícito atribuírsela
más al capital mientras el conjunto de elementos que lo componen no sólo revela
una total heterogeneidad de tejido, no sólo que no se estabiliza en una
relación fija con la fuerza de trabajo, sino que su totalidad se revela
contradictoria en su composición orgánica; la relación entre trabajo muerto y
trabajo vivo es determinada de manera unívoca en el ritmo tecnológico, pero el
beneficio si es liberado de estas condiciones.
¿Pero decir esto no es implícitamente admitir
la realización de la tendencia? ¡Qué lejos de denunciar lo impracticable de la
"contabilidad" del concepto capital!, el economista debiera plegarse
al reconocimiento de la verificación de un proceso social de revolución en las
condiciones de producción, revolución persuadida de la relación entre obreros y
capital: la "libertad" del capital, es sólo la mistificación de una
derrota súbita en la lucha de clases, la tan sufrida "libertad" del
capital en el pensamiento de los "economistas" es sólo el
reconocimiento que la llamada "independencia" de la variable fuerza
del trabajo es insuprimible.
Heterogeneidad de la composición del capital,
indeterminación de la relación técnica entre extracción de valor trabajo y
beneficio, crisis del concepto de composición orgánica. Verdad, Marx ya
escribía más de cien años atrás:
"En la misma medida en que el
tiempo de trabajo -la mera cantidad de trabajo- es puesta por el capital como
único elemento determinante, el trabajo inmediato y su cantidad desaparece como
principio determinante de la producción -de la creación del valor de uso- y se
reduce a una proporción exigua pero cualitativamente un momento ciertamente
indispensable, pero subalterno, respecto al trabajo científico general, a la
aplicación de la ciencia natural de un lado, y (en relación con ella) la
productividad general derivando de la articulación social en la producción
totalizadora por el otro -productividad general que se presenta como don
natural del trabajo social..." (Lineamenti, II, p. 394).
Por consiguiente, en el mismo momento que el
trabajo se igualaba materialmente y se socializaba, se presentaba plenamente
para el capital la necesidad de emancipar de su comando sobre el proceso de
valorización, de asumir la propia libertad -de encontrarse en la más terrible
soledad -delante de la fuerza del trabajo unificada. Pero Marx añadía "El
capital trabaja en la propia disolución como fuerza dominante de la
producción"(20). Mientras tanto, los economistas sacan provecho de esto
para la apología de la libertad del capital, renuevan las ilusiones -pero en la
medida que es eficaz para la represión, no importa el absurdo de un nuevo
fascismo -de un desarrollo capitalista desenganchado de la lucha de clase
obrera y como quiera que sea de la fuerza de trabajo totalizadora,
reivindicando en definitiva la sobredeterminación del capital sobre el sistema
como regla material del desarrollo mismo. Del keynesianismo han sufrido sólo el
fracaso sin aprender la causa del mismo, de la libertad del capital comparten
la rabiosa voluntad de supervivencia. La relación del capital es, desde este
punto de vista, puramente externa, mera relación de fuerza, progreso del
control general a partir del nivel centralizado de la disponibilidad del
dinero, diseño subjetivo de organización y de dominio Y a esta perspectiva
subjetiva de los economistas las otras ciencias humanas dan su modesto pero
útil contribución (en tal modo la recomposición enciclopedista a lo Galbraith
de la teoría de la sobredeterminación capitalista sobre el sistema la
encontramos por sus repugnantes oficios algo que no da mucho trabajo en ser
citado)
De aquí la interpretación y la lectura de la
crisis.
De la disolución ideológica del concepto de
capital, de la composición orgánica, de la relación entre lucha y desarrollo,
deviene finalmente una última definición que es la de Estado. La totalidad de
poder atribuida al capital encuentra en la fuerza su atribución más funcional.
Funcional: porque en esa forma sobre un sujeto potente puede dar vuelta la
garantía que la posibilidad de la libertad, el vaciamiento de las
determinaciones del capital corra el riesgo de fracasar, porque sólo la
imputación subjetiva que el Estado permite garantiza la maniobra del desarrollo
que el economista quiere fundar en términos externos a la relación del capital.
Funcional, pues, respecto a la expectativa, de esta atribución: pero hasta que punto
real, efectiva? Las contradicciones señalan el camino de una ciencia del
capital que quiere destruir la necesidad de su opuesto, y al querer
desentenderse de la lucha se multiplican las contradicciones en la medida que
más abstracto deviene el referente de la acción.
El Estado, esa infinita potencia, apropiado en
la medida en que se muestra como esencia no dialéctica del desarrollo, tiene
una existencia tan puntualmente eficaz como totalmente subordinada a la serie
de las innumerables contingencias del enfrentamiento.
Su autonomía y libertad son en realidad la de
los instrumentos, y no la de los fundamentos. Esto no quita la especificidad
del rol cubierto por el Estado, no disminuye la capacidad de acción lúcida -y
tanto menos de la represión compacta- que él puede poner en acto en el
desarrollo, no disminuye la riqueza de su articulación: sobretodo no olvida la
función totalizadora de conciencia y guía colectiva que el Estado puede ejercer
por el capital -y que eficazmente ejerce. Pero concedido todo esto, la
ideología de los economistas de todas maneras no resucita para convencer: al
interior de la liberación de la composición orgánica el capital muestra
sobretodo su precariedad. El subjetivismo del economista muestra más que nunca
el límite que lo aflige: y eso registra el decurso de la tendencia marxista,
pero sólo para soportarla, para verla actuar.
3. Una consecuencia inconclusa: los
"subjetivistas" y la contradicción como catástrofe
Nos acercamos al centro de nuestro problema
que es el de la organización obrera revolucionaria. Ahora, una forma inmediata
y no concluida de sacar consecuencias de la realización de la tendencia
marxista se amplía en el actual debate sobre la organización. Si el capital, se
dice, rompe la relación orgánica que lo fuerza a la lucha, se ha terminado la
dialéctica positiva -desde su punto de vista- que el Estado tenga éxito en
indicar la conflictividad social, presenta al Estado, en vez de como promotor
del desarrollo, como productor de crisis, por fin la lucha obrera encuentra que
el nivel sobredeterminado de la dialéctica social se fija deviniendo Estado
-por lo tanto la temática de la organización debe romper con una tradición
agotada que lo ve como mera transposición de la definición de la composición
orgánica, debe hacer estallar los nexos que ligan la forma del proceso de
trabajo y la emergencia de clase, debe en su lugar -positivamente- impregnarse
sobre la construcción de una vanguardia política extraña a lo intrínseco de la
composición determinada de la clase obrera, de toda política, y de toda
protesta al ataque directo al Estado y a la preparación militar que lo
acompañe.
Un paso adelante y dos atrás, se decía en un
tiempo. En realidad el paso adelante es el de la crítica -que recorre
vigorosamente esta posición -la de la teoría de la organización así como fue
elaborada y practicada, de manera continuada, entre la segunda y la tercera
internacional. En ese ámbito el problema de la organización era localizado a
partir de la determinación de la composición del capital y de la clase obrera
que entonces era: la organización del obrero profesional como eje fundamental
del modo de producción capitalista, como articulación esencial del proceso de
valorización y de explotación -por tanto del proceso revolucionario. Por estar
en los Grundisse "Capítulo del dinero" la
composición de clase está ahora verificada desde la posibilidad de hacer
funcionar el dinero como medio entre el valor del trabajo en la prestación
individual y la producción de valor de cambio, y como mecanismo de equivalencia
general y por lo tanto de control pleno del sistema. La ley del valor funciona
ahora como elemento dinámico del sistema. De aquí una teoría de la organización
que ve su referente fundamental en el operario profesional, y define el proceso
de recomposición política como proceso que inviste la estructura organizativa
del trabajo y no da siquiera cuenta de la de la eminencia de la función
productiva, aquí la ideología del trabajo domina como programa el progreso
entero organizativo y lo define como progreso "socialista".
¿Cuales son las profundas diversidades
tácticas que han caracterizado estas singulares posiciones? Es decir -de
Kautsky a Luxemburgo, de Lukacs a Gramsci- es difícil reconocer las variantes
del programa socialista. En efecto el análisis objetiviza el referente
fundamental en el operario profesional, la recomposición organizativa prefigura
el socialismo, que la ideología del trabajo reflejada, (en los términos que ha
"reflejado" del marxismo, reflejado como relevamiento y transformación),
no solo en la determinación de la composición de clase sino identificándose con
la crítica desfasada, descartando lo fundamental que -en esa situación- el
socialismo representaba respecto a las condiciones generales del dominio
capitalista. Desde este punto de vista el modelo de organización propuesto
resultaba revolucionario incluso cuando identificaba el nexo
democracia-socialismo como arma de oposición a un capital no planificado y
definía la dictadura del proletariado como la forma más alta de democracia, -de
funcionamiento político de la ley del valor.
La crítica de este modelo de organización está
ubicada previamente al "subjetivismo" organizativo de hoy. La
objetividad de la composición política del proletariado, se observa, fue
destruida -absorbida y destruida- en el Estado capitalista surgido en la crisis
del 29.
La respuesta capitalista a la revolución de
Octubre, al movimiento de unificación, no sólo ha quitado la misma posibilidad
del modelo organizativo, destruyendo la figura del obrero profesional como
figura eminente del proceso laboral, sino que la respuesta capitalista ha
incluso puesto en acto una operación de contención dinámica de la lucha de la
nueva figura del obrero masa, ahora producido. El fin de toda posibilidad de
fundar la recomposición organizativa sobre la relación orgánica que liga clase
y capital.
Es en este punto donde todavía a nosotros nos
parece que al paso adelante le siguieron los dos pasos atrás, y sobre todo
oblicuos. ¿Por qué, de hecho, opinar que el justo reconocimiento del
agotamiento de un modelo organizativo, la conciencia de la superación de una
cierta proporcionalidad y materialidad determinante de la composición de clase
que desplaza a su centro al obrero profesional, anulando al mismo tiempo el concepto
de composición orgánica, -es paralelamente renunciar a la posibilidad infinita
que la toma actual del concepto, que un "análisis determinante de la
clase" pudiera ofrecer? Cierto, el concepto de composición orgánica es
puesto nuevamente en discusión, y eso no es indiferente a sus contenidos. Pero
no se puede arrojar al niño al agua sucia."Ma non si púo abbutar al
bambino con la acqua porca"
Aquí moviéndose
en tal sentido los "subjetivistas" se asimilaron a los
"economistas" burgueses, extrajeron de la realización de la tendencia
marxista consecuencias catastróficas, exasperadas e incorrectas.
La sensación que de la crítica justa del
modelo de organización socialista se siguen deducciones erradas se registra
pero transitando otra serie de problemas relativos a la organización. En el
cuadro de referencia del modelo de la segunda y de la tercera internacional la
articulación entre dirección y movimiento encontraba en el análisis de la
composición política de clase un sostén y una justificación: aunque desde este
punto de vista el requisito para que la organización se modelase sobre la
materialidad de la composición de clase estaba dado. De hecho la dirección
política del proletariado repetía respecto al movimiento el dualismo que el
movimiento per se presentaba entre la masa de obreros profesionales (gestores
del modo de producción y detentadores de la ideología del trabajo) y la masa
proletaria. La mayor y la menor exterioridad de la dirección respecto al
movimiento -contenido en el ejemplo de la polémica entre Luxemburgo y Lenin-
lejos de representar una alternativa al modelo general, era -cuando no fuese
interpretado, como de hecho no lo era, en términos ideológicos- su
confirmación, dependiendo de hecho esta mayor o menor mezcla de exterioridad
esencialmente del grado de homogeneidad obtenido por los simples proletariados
nacionales: indudablemente más alto -siempre para permanecer en el ejemplo- en
Alemania que en
Es subjetivismo, el
"tercermundismo", el "estudiantismo", que hoy se califica
como "proletario" y se refiere a la realidad de una socialización sin
precedentes del modo de producción y de la extraordinaria masificación de la
lucha, sin saber todavía atravesar la especificidad material, interior a este
pasaje histórico, sin saber entonces ligar a la voluntad de organización la
eficacia del programa.
De modo tal que el problema debe ser
enteramente desplazado y repropuesto en el plano teórico. Retornamos a los Grundisse, retornamos a la tendencia, a
la definición marxista de la ruptura de la dialéctica entre socialización
máxima del proletariado como trabajo asalariado y absoluta exterioridad del
capital como detentador del comando sobre el trabajo. Qué cosa significa ahora
la realización de la tendencia de Marx? Es quizás esto, la realización de la simple
emergencia de una necesidad inevitable? O es, de otra manera, una regla
histórica privada de contenido determinado, una norma de traspaso de cultura
que no envejece? Ni lo uno ni lo otro. La realización de la tendencia es en
Marx la emergencia de una necesidad de masa-objetiva en cuanto la objetividad
está constituida en la realización de masa de la subjetividad animada,
articulada con la determinación específica que el desarrollo capitalista está
-en esta relación- forzado a recoger. Realización de la tendencia significa
ahora victoria del movimiento dialéctico en la medida que en ello la
especificidad de una situación histórica está madura en la relación, y la
relación será destruida, con un sujeto histórico. La coherencia del discurso
marxiano aparece en la verificación de todas sus premisas metodológicas: la
entera Einleitung de los Grundisse (25) es la demostración. La
tendencia es ese mismo movimiento, movimiento de una relación específica y sólo
en esta especificidad encuentra su génesis y su destrucción: la tendencia a la
crisis del capital como crisis del modo de producción ante las condiciones del
trabajo, la totalidad del comando capitalista ante la totalidad de la sujeción
obrera es un movimiento que tiene una prehistoria inmediata -toda determinada-
es una desembocadura que solo dentro de la relación plena se determina. Romper
esta dialéctica, pone el problema de la destrucción del orden existente fuera
del movimiento que crea la condición fundamental -la aparición del individuo
social proletario- y determina un dualismo suicida: debe la teoría terminar
vaciándose, se abre la ceguera de la práctica. No se ataca el subjetivismo
porque la subjetividad no tendría un después en la tendencia marxista: al
contrario se lo ataca porque se separa de aquella subjetividad que recorre toda
la tendencia marxista, pero como subjetividadad corporizada, dialéctica,
calificación de la misma individualidad histórica, concretamente,
específicamente, construida en esta fase del desarrollo capitalista. Vale la
pena en este punto -se crea allí el espacio- recorrer la historia reciente del
marxismo occidental para ver como, de la crítica del "diamat", del
bruto materialismo del determinismo soviético devino una alternativa
dualística, emergió una reserva teórica, incapaz de religar la tendencia dentro
de la participación de la lucha activa de clases, como lucha de clases pura y
simple en acto. Desde allí se la condena a la impotencia, a la asunción del
terrorismo como la única forma posible de lucha, es un comportamiento recurrente,
porque tomando nota de una teoría subordinada quiere oponer una teoría libre.
Pero libre de qué cosa? Subordinada a qué cosa? Libertad y subordinación, de la
teoría como de la práctica, se dan sólo en la tendencia, en el movimiento, en
la especificidad de la lucha de clases que construye materialmente la
destrucción del orden de cosas existente. Ahora desde el punto de vista de la
temática de la organización, lo que importa no es la realización de la
tendencia como dato, como estado, como resultado; lo que importa es su
realizarse como actividad. De aquí la ilusión de cualquier forma de
subjetivismo que suponga la tendencia como resultado y se apreste de manera
simplista al ataque al poder: solo en abril de 1917 se pudo escribir
De aquí la necesidad de traer nuevamente al
análisis, la discusión y la práctica sobre el problema de la organización, todo
dentro del movimiento material. Es verdad que, en el proceder en este terreno,
gran parte de los resultados de la tradición son tirados a la basura. Es verdad
que, el uso de las viejas categorías de la crítica de la economía política para
el problema de la organización es asfixiante: de otra forma el cambio de
contenido y de referentes no puede sino modificar el mismo andamiaje teórico de
las categorías que se asumieron. Pero este es el único camino que podemos
recorrer. No el acortar camino.
4.Trabajo (abstracto) como sujeto revolucionario: la base del programa
comunista y la apropiación proletaria.
Queremos entonces demostrar que el comunismo
es actual, que todo pasaje intermedio está quemado; que la lucha de clases se
dirige directamente e inmediatamente contra el Estado. Pero debemos demostrarlo
al interior del movimiento de la tendencia porque este método tiene importantes
consecuencias en la definición del modelo organizativo, sobre el nexo entre
programa y organización. Este es el significado del materialismo dialéctico:
saber relacionar; y aún nutrir el análisis real del crecimiento del sujeto
histórico revolucionario, y no sólo las cuestiones generales.
Volvemos por esta razón a la tendencia, así
como está descripta en el "capítulo del dinero" de los Grundisse. ¿En qué consiste la
contradicción fundamental y en que sentido se realiza su movimiento? Marx
distingue dos momentos. El primero es el que el trabajo simple es puesto desde
el principio como trabajo particular: para retomar la esfera del dinero este
trabajo debe ser mediado por la generalidad; y es el dinero mismo el que cumple
esta operación. La contradicción existe, entre trabajo particular y generalidad
del dinero, pero es contradicción superada, el dinero es una función
productiva. "En el segundo caso se cambia el presupuesto mismo; o sea es
presupuesta una producción social, la sociedad como base de la producción. El
trabajo simple es puesto desde el principio como trabajo social. Entonces
"su producto no es valor de cambio". En el segundo caso el carácter
social de la producción es presupuesto, y la participación en el mundo de los
productos, en el consumo, no es mediada por el cambio de trabajo o de productos
del trabajo recíprocamente, independientemente. Es mediado por las condiciones
sociales de producción entre las cuales se encuentra el individuo."
Aquí aparece la contradicción fundamental, o
bien se hace antagonista la función del dinero, se sobredetermina su función
-de otra manera mediadora, real, productiva- respecto al desarrollo de la
fuerza productiva.
Querer transformar por lo tanto el trabajo
simple (o bien su producto) inmediatamente en dinero, en valor de cambio
realizado, significa determinarlo inmediatamente como trabajo general, o sea es
negar tener en cuenta las condiciones bajo las cuales debe ser transformado en
dinero y en valor de cambio, y de las cuales depende el intercambio privado. La
exigencia puede ser satisfecha solamente con la condición que no sea puesta
otra vez. El trabajo, sobre la base del valor de cambio, presupone que ni el
trabajo simple ni su producto sean inmediatamente generales; que se obtenga esa
forma solamente a través de una mediación objetiva, a través de un dinero
diferente.(Elementos I, pág 116-118)
Hemos visto como el capital, en la larga
historia de su desarrollo entre manufactura y gran industria, ha recorrido y
quemado la primer fase descripta. Después de la gran crisis del ´29 se abre la
segunda en que, equivocadamente, desde un principio se intenta hacer funcionar
el dinero, el control capitalista del valor de cambio general, sobre la
ambigüedad o contradicción ahora reconocida que la relación presenta.
Hoy finalmente encontramos la segunda fase de
manera totalmente desplegada, en la medida en que en la mistificación de la
contradicción, los elementos de continuidad mistificada respecto al pasado
resultan agotados. "Esta relación económica -el carácter que el
capitalista y el obrero tienen, de ser extremos de una relación de producción-
deviene tanto mas plenamente y adecuadamente desarrollado cuanto más el trabajo
pierde todo carácter artesanal." (26).
Y hoy el trabajo no sólo se constituye
materialmente como base general sino que se muestra como tal.
Que el valor de uso que se contrapone al
dinero puesto como capital, no es este o aquel trabajo, sino trabajo puro y
simple, trabajo abstracto, absolutamente indiferente a toda determinación
particular, pero capaz de toda determinación. La sustancia particular de la que
está constituido un capital determinado debe corresponder naturalmente el
trabajo como trabajo particular; pero debido a que el capital en tanto tal es
indiferente a toda particularidad de su sustancia, en tanto la abstracción de
toda su particularidad, el trabajo que se le contrapone tiene en sí la
mismísima totalidad y la mismísima abstracción. (Elementos, I, pág. 280)
Pero insistamos sobre el pasaje que hoy se da,
en la segunda de las fases descriptas por Marx: veremos de hecho una serie de
importantes consecuencias relativas al movimiento de la tendencia. A fines del
´29 -es el momento en que en respuesta a la acción revolucionaria socialista y
de octubre se pasa a la producción de masa como medio para destruir las
condiciones de la organización obrera (el 29 es el reconocimiento y el asumir
de este estado del movimiento real)– en el 29 por consiguiente la producción es
puesta ahora en el trabajo general. El carácter social de la producción hace
posible desde el principio un producto general, social. Pero que el nuevo
pasaje, se haya, dado se debe al agotamiento de la mistificación que siguió al
´29. Es el reconocimiento de los trabajadores de la relación, nuevamente
estabilizada desde el llano, entre clase obrera y dinero como horizonte del
control, el equivalente general del valor de cambio, como algo puramente
aparente. Marx preveía en estos términos este decisivo pasaje:
El obrero, si la cooperación le permite
mercadear y competir con el capitalista, mide sus pretensiones en la ganancia
del capitalista pretendiendo una cuota determinada del plusvalor que el mismo
ha creado; por lo que la proporción deviene un momento real de la vida
económica misma. Además la lucha entre las dos clases -que se instaura
necesariamente con el desarrollo de la clase obrera -la proporción de la
distancia recíproca, expresada en el salario mismo como proporción, adquiere
una importancia decisiva. La apariencia del cambio desaparece con el modo de
producción basado en el capital (Lineamenti,
II, p.258).
Pero entonces la tendencia comprende desde
antes el movimiento del sujeto histórico revolucionario y descubre, imputándolo
a la caducidad de la mistificación del valor de cambio, el pasaje de la lucha
del salario a la lucha por la apropiación (sobre este tema volveremos de todas
maneras). Pero entonces, si este reconocimiento tiene lugar, suspende entonces
toda mistificación sobre el socialismo; el socialismo no es posible como no es
hoy posible relación alguna que no sea meramente antagonismo entre trabajo y
valor de cambio, más todavía, su utopía puede funcionar solamente como ha
funcionado brevemente después del ´29, como control ideológico capitalista del
antagonismo que emergió.
En lugar de, sobre esta base unificada del
trabajo asalariado y sobre este reconocimiento de la apariencia infame del
cambio, el comunismo es necesario como producto y a la vez subversión del
estado de cosas presente: la "prostitución general se presenta como una
fase necesaria del carácter social de la disposición, capacidad, habilidad y
actividades personales" (27), la tendencia opone "la libertad
individual, fundada sobre el desarrollo universal de los individuos y sobre la
subordinación de su productividad colectiva, social, como su patrimonio
social" (28).
El análisis de la contradicción fundamental
que la tendencia mueve y lleva a resolver, no considera solamente los aspectos
cualitativos -la caducidad es la de la diferencia cualitativa-del trabajo: el
constituirse de la unidad del trabajo asalariado es un aspecto que inviste
incluso los aspectos cuantitativos de la prestación de trabajo, los disuelve e
induce en su propósito una serie de nuevos antagonismos -como ya hemos
recordado– Lo fundamental: es que las anotaciones son leídas -porque
implícitamente y explícitamente fueron referidas-en relación a la disolución de
la división del trabajo.
En la medida que se desarrolla la gran
industria, la creación de la riqueza real viene a depender menos del tiempo de
trabajo y de la cantidad de trabajo empleado que de la potencia de los agentes
que fueron puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, y que a su vez
-esta su powerful effectiveness- no está
minimamente en relación al tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción,
pero depende en vez del estado general de la ciencia y del progreso de la
tecnología o de la aplicación de esta ciencia a la producción (Elementos, II,
p. 400)
Sobre el ritmo de la reducción del tiempo de
trabajo, la ciencia se incorpora al trabajo productivo inmediatamente "la
invención deviene una actividad económica y la aplicación de la ciencia a la
producción inmediata un criterio determinante y apremiante para la producción
misma" (29).Y por eso ahora, sobre la base de estas condiciones, es que la
"riqueza real se manifiesta -y esto es el signo de la gran industria- en
la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, Como
(ya antes) la desproporción cualitativa entre el trabajo reducido a pura
abstracción y la potencia de producción que él vigila" (30). La
contradicción que no consigue -en primer
lugar y en general porque el capital, ante este proceso, de un lado
"tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo mientras, por el otro,
pone el tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza"; en segundo lugar y de manera más específica (es
la ley de la productividad del
trabajo) porque el capital "disminuye el tiempo de trabajo en la forma de
tiempo de trabajo necesario para incrementarlo en la forma de tiempo de trabajo
superfluo -en medida creciente -la condición (cuestión de vida o muerte) de necesario." (33), esta
contradicción entonces, es posible, impregnándose de las consecuencias del
proceso de abstracción del trabajo. De nuevo de hecho la contradicción revela a
la clase trabajadora como sujeto histórico de la tendencia, y lo muestra no
sólo como actividad antagonista, como posibilidad de subversión: lo muestra
como mundo y subjetividad nueva que deviene construyéndose de manera social,
comunista. En primer lugar como
actividad antagonista.
De un lado el capital recurre a toda la fuerza
de la ciencia y de la naturaleza, como a las combinaciones sociales y las
relaciones sociales, a fin de hacer posible la creación de la riqueza
(relativamente) independientemente del tiempo de trabajo empleado en ella. Del
otro lado intenta medir la gigantesca fuerza social así creada con la medida
del tiempo de trabajo, e impregnarle los límites que son necesarios para
conservar como valor el valor ya creado. Las fuerzas productivas y las
relaciones sociales -ambos lados del desarrollo del individuo social- figuran
para el capital sólo como medios, y son sólo medios para producir sobre su
limitada base. Pero en realidad son las condiciones para hacer saltar por el
aire esta base (Elementos fundamentales, II, p. 402.
En
segundo lugar como actividad reconstructiva, como posibilidad real y
presente del comunismo.
El trabajador no es más el que introduce el
objeto natural modificado como miembro intermedio entre el objeto y él mismo,
sino el que introduce o inserta el proceso natural, que él transforma en un
proceso industrial, como medio entre sí mismo y la naturaleza inorgánica, de la
cual se apodera. Él se coloca junto al proceso de producción, en vez de ser el
agente principal. En esta transformación no es ni el trabajo inmediato,
ejecutado por el mismo hombre, ni él tiempo que él trabaja, sino la apropiación
de su productividad general, su comprensión de la naturaleza y el dominio sobre
ella a través de la existencia del cuerpo social -en una palabra es el
desarrollo del individuo social que se presenta como el gran pilar de sostén de
la producción y de la riqueza. El fruto del tiempo de trabajo ajeno, sobre el
que se apoya la riqueza de hoy se presenta como una base miserable respecto a
esta nueva base que se desarrolla en el tiempo en que está siendo creada la
gran industria misma. Apenas el trabajo en forma inmediata deja de ser la gran
fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y debe dejar de ser su medida,
y es cuando el valor de cambio debe dejar de ser la medida del valor de uso. El
plusvalor de la masa ha dejado ser la condición del desarrollo de la riqueza
general, así como el no trabajo de unos pocos ha dejado de ser la condición del
desarrollo de la fuerza general de la mente humana. Con esto la producción
basada sobre el valor de cambio se derrumba, y el proceso de producción
material inmediato viene a perder entonces la forma de la miseria y del
antagonismo. Toma su lugar el libre desarrollo de la individualidad, y entonces
por tanto no es necesaria la reducción del tiempo de trabajo para crear
plusvalor, sino en general la reducción del trabajo necesario de la sociedad a
un mínimo, al que corresponde la formación y el desarrollo artístico,
científico, etc., de los individuos gracias al tiempo devenido libre y a los
medios creados para todos. (Elementos Fundamentales, pág 401-402)
Es
en este punto, en este nivel de maduración y de expansión de la tendencia, que
reconocemos como real, que se impone una primer conclusión en mérito al
problema de la organización revolucionaria en su relación con la determinación
-teórica en sentido marxista y leninista– de la composición de clase. Si
entonces el cambio de fuerza de trabajo no es más lo que deviene -con determinación
cuantitativa y con especificidad cualitativa– al interior del proceso del
capital, y en lugar de un intercambio de actividad, determinada como bisagra y
meta social, es el presupuesto mismo de la producción social y la sociabilidad
la base de la producción; se termina el trabajo singular y es puesto desde el
inicio como trabajo social. El producto mismo de todo el trabajo no puede ser
representado como valor de cambio, ni siquiera en la forma simple de la
medición proporcional entre trabajo general y control general sobre sí mismo.
Trabajar ya es una participación inmediata en el mundo de la riqueza. Reconocer
esto es proponer a la organización un contenido necesario del programa, es
establecer una tarea teórico-práctica a desarrollar en el terreno de la
apropiación directa como reconocimiento práctico de las condiciones sociales de
la producción. El contenido de masa del proyecto de organización obrera, en la
misma medida en que se extiende en la figura entera del trabajo abstracto, se
determina en torno al programa de la apropiación social directa de la riqueza
social producida.
La apropiación obrera y su reconocimiento
práctico, -es la revelación práctica que el desarrollo de la fuerza productiva
encuentra una barrera en la apropiación capitalista de la riqueza, y junto a
esto un nuevo sujeto histórico revolucionario puede hoy imputar a sí mismo la
tarea de hacer florecer la propia lucha, en las características mismas de la
propia existencia, el comunismo.
5.
La crisis del Estado-planificador: la gran empresa como articulación de la
tendencia y sujeto del antagonismo del punto de vista del capital
La
tendencia promueve un desarrollo que es en primer lugar contradictorio, y de
ahí en más antagonista. Contradicción y antagonismo implican la existencia del
sujeto de relación que se da así: hemos visto como viene emergiendo cada vez
más claramente el sujeto histórico proletario. Ahora es el momento de dirigir
la atención al otro sujeto, al capital, para ver como -dentro de la
tendencia-se mueve, como se desarrolla su acción, porque la tendencia, ante
todo se abre, si se cierra. En la tendencia la acción de clase es progresiva,
la del capital regresiva. Ambos son señalados por el hecho que se ha entrado en
una fase nueva y original de lucha entre las dos clases: este hecho califica el
horizonte estratégico de la lucha. Pero, contemporáneamente, es sólo en la
determinación de los choques que resaltamos el pasaje táctico, la
especificidad, la determinación que el discurso debe tener antes que nada presente.
Entonces, en este nivel de desarrollo de la
tendencia, cuál es la respuesta del capital?
Ya hemos aludido a las posiciones de los
“economistas”. Por eso la crisis del Estado construido a partir del 29, por eso
la ruptura de la proporción determinante en la división de la riqueza social
contra la prepotencia de la nueva figura de clase, que nos conduce a retener
que cualquier relación orgánica entre clase y Estado -como representante
colectivo de los capitalistas– no puede darse más. A la crisis del estado
planificador no pudo seguirle otra cosa que una relación completamente libre en
la determinación del equivalente general del valor, completamente desarticulada
de la composición orgánica del capital y así el estado está feliz de no tener
que intervenir sobre el proceso laboral social al interior del cual: la
escisión entre trabajo y comando sobre el trabajo esta completamente realizada.
El estado no podrá representarse de otra forma que no sea la de estado-crisis,
el gestor de la libertad del uso del comando por la supervivencia del capital.
"Desvalorización general y destrucción del capital”, desvalorización
general que se extiende, en la crisis general, hasta la misma fuerza de trabajo
viva" (32), éstas son las líneas de las cuales -relación de fuerza mediante
que lo permita– no les parece a los “economistas" se puedan alejar, dando
por descontando al mismo tiempo que la permanencia de la crisis es una
condición normal del desarrollo capitalista y de una adecuada función del
Estado. En esta línea teórica, como ya se ha mencionado, se funda una tendencia
subjetivista en mérito al problema de la organización revolucionaria, que
insiste consecuentemente sobre la necesidad de disociar radicalmente el
proyecto organizativo de la definición de la composición política de clase.
Pero esta posición representa, como se ha visto, por bien que vaya, una verdad
parcial. Es verdad: que en forma inmediata el uso de la crisis como
desvalorización se extiende hasta el valor de la fuerza del trabajo, tal el
camino principal que debe recorrer el capital -y esto nadie puede negarlo. Y
menos ahora: cuando no se puede siquiera rechazar la afirmación de tendencia
que "progresivamente el mundo objetivo de la riqueza, mediante el trabajo
mismo como fuerza extraña, se expande de frente al trabajo y adquiere una
existencia siempre más extensa y más plena; de modo tal que relativamente, o
sea en relación al valor creado o a las condiciones reales de la creación del
valor, la subjetividad indigente de la de la fuerza de trabajo viva representa
un contraste cada vez más crudo" (33) Pero esta posición subjetivista no
significa renunciar al reclamo mucho más potente que es el de comunismo en acto
en el movimiento real? El mecanismo capitalista de la crisis no protege
unilateralmente el desarrollo del capital, empujando con este fin a la
desvalorización del valor de la fuerza de trabajo. Al contrario, "la
destrucción de valor y de capital que se verifica en períodos de crisis
coincide o mismo es sinónimo de un desarrollo general de la fuerza
productiva" (34). Simultaneidad de crisis y de reestructuración, tentativa
–en el mismo momento en que se altera la proporción entre trabajo necesario y
plusvalor "o, if you please,
entre los diversos momentos del trabajo objetivado y del trabajo vivo" (35)–
de restablecer otra relación, de reproponer niveles de composición orgánica
favorables al capital. Se podría objetar que, en el nivel actual de la
tendencia, detrás de la relación de fuerzas que hoy determina la crisis, una
determinada simultaneidad de crisis y de reestructuración puede funcionar por
la mera mistificación. Pero es la mistificación que modela al capital, por
estar dirigida a la mistificación, menos eficaz? Vale la pena replicar a los
“subjetivistas" que de esta manera criticamos, con el aforismo leninista
“Va in luido en la parvenza (schein) toda la riqueza del mundo y negamos la
objetividad de la parvenza" (36) En realidad es adecuado dentro de la
eficacia de la respuesta capitalista –o if
you please de la
mistificación capitalista- que el antagonismo tendencial puede devenir -a lo
menos- explosivo, y es confrontando con este camino del capital que la
instancia comunista de la masa proletaria pudo hacerse potencia subversiva.
Dentro de la determinación de esta relación, dentro de su contingencia y su
especificidad, los patrones pueden encontrar su nuevo concepto de capital, los
proletarios una nueva práctica de partido.
Y en efecto, los patrones están construyendo
el nuevo concepto de capital. La más amplia experiencia que se nos ofrece a la
teoría, es la habitual lucha de los trabajadores: sólo a partir de esta –la
conciencia, si no la ciencia, del capital lo reconoce– la innovación teórica y
la renovación del domino político son posibles. “Capitalizar la revolución" era el titular del “Times"
hace un tiempo. La reflexión y la práctica consiguiente se centran, en las
causas de la crisis actual para superarla, para contenerla –además de
utilizarla y reprimir como siempre el domino de la relación que el capital
realiza. ¿Cómo se dio entonces, la crisis del Estado Keynesiano construido a
partir de 1929? El estado de las proporciones determinadas ha llegado a su fin
ante la masificación de la lucha, al extenderse la demanda del salario -ha
llegado a su fin en el enfrentamiento que le oponía el trabajo abstracto
unificado como práctica colectiva en la respuesta de una elevación del valor
del trabajo necesario. Esto ha producido la eliminación de las proporciones
determinadas entre trabajo necesario y plusvalor, que -traducido en términos de
valor de cambio- se llama inflación. Con la inflación la crisis del sistema se
hizo antes que nada crisis del Estado; porque al estado se le atribuía el rol
hegemonizador, equilibrador y promocionador, en la secuencia
empresa-estado-plan. La fábrica se subordinaba al Estado que garantizaba las
condiciones fundamentales del funcionamiento del sistema –y del sistema de
fábricas en primer lugar. Por medio del Estado el valor de cambio encontraba
una garantía para valer como ley general de reproducción de las condiciones
productivas. Pero este mecanismo no ha funcionado. Está roto, a partir que la
fábrica vino a investir toda la sociedad, la ley que el Estado debía
garantizar. Aquí en la lucha masificada del obrero masa, el trabajo se
desenganchó del valor del trabajo. En esta situación el estado puede garantizar
una relación proporcional general, y esto es la vigencia de la ley del valor
del trabajo, solo a través de un dinamismo reformista medido en las
proporciones de las que es garante. Cuando en lugar de eso, el reformismo, bajo
la presión operaria, desborda de los diques fijados, deviene un elemento
ulterior de disolución, perturbador del correcto funcionamiento de la ley del
valor de cambio mismo.
Ahora es parte del juego aceptar la situación
determinante del desenganche del trabajo de la ley general del valor. Sobre
esta conciencia se ejercita la voluntad capitalista de reestablecer una
relación hegemónica. De principio a fin, la determinación final de la tendencia
se subsume al capital; la separación que está implícita en el valor de cambio
se hace explícita en términos más extremos, el capital se hace inmediatamente y
solamente “comando sobre el trabajo ajeno" (37). El desenganche entre
trabajo y del trabajo-valor de cambio, una vez aceptado y hecho propio por el
capital conduce a esta conclusión: el comando como tal , el comando
generalizado sobre el trabajo, deviene no solo -como siempre ha sido- motivo de
calificación general del capital, sino elemento de existencia, de supervivencia
-al fin y al cabo de determinación específica para la época histórica dada. Una
segunda consecuencia es, sobre estos presupuestos, inmediatamente madurada: y
es la inversión de la secuencia Estado-plan-empresa. En caso que el estado
hubiera cubierto el rol hegemónico, representando y garantizando la
equivalencia en el movimiento de factores, la caducidad de la norma de
equivalencia subordina la función del Estado respecto a la de la empresa (en la
forma dominante que hoy asume, que es la de la empresa multinacional). A nivel
del mercado mundial, el Estado-crisis se presenta hoy como crisis del “Estado
Nacional" respecto a la forma de la empresa –de empresa multinacional- del
comando capitalista. En caso que el Estado haya ordenado todas las condiciones
de la producción social, el ataque obrero lo desvaloriza e impone a la
conciencia capitalista la entrega de la única condición que no puede entregar:
el comando de empresa en la extracción de plusvalor. Así al neomercantilismo y
dirigismo keynesiano es seguido por los nuevos economistas americanos, en
nuestro duro ataque a las tradiciones reformistas y la pesada insistencia en la
política selectivamente incentivadora; así, chez
nous el fin de la temática del reformismo se mezcla sobre la proclamada
afirmación –que tanto sabemos le gustaba a Marx: “la empresa es la base del
Estado" (Glisenti); así en el nivel internacional, en paralelo con el fin
del keynesianismo en la política interna, se derrumbó Bretton Woods y los
acuerdos entre Estados sobre el equivalente general, liberando de tal modo para
la empresa multinacional una función de tracción y de comando general en el
desarrollo.
El capital alcanza su más alto desarrollo
cuando las condiciones generales del proceso social de producción no son
creadas descontándolas del rédito social, de los impuestos públicos, -de dónde,
es el rédito y no el capital que figura como fondos de trabajo, y el obrero, por ser obrero asalariado libre
como cualquier otro, todavía desde el punto de vista económico se encuentra en
una relación diferente, a la del capital en cuanto capital (Elementos, II, pág
171.)
Pero el proyecto capitalista hoy no interpreta
sólo la fuerza del impacto obrero sobre la estructura del estado planificado:
intenta interpretar la forma, la figura en la que se ha desarrollado, la figura
del obrero masa. Interpretarla para asumirla y distorsionarla. La
fluidificación de todos los momentos del ciclo productivo representa la faz
positiva del proyecto capitalista, la reestructuración verdadera y propia –con
contemporáneo aumento de la productividad de la fuerza de trabajo singular y
del trabajo social (38). La tentativa de reinsertarse al interior de esta masa
de mecanismos de división del trabajo ahora totalmente ligados a la
participación en el comando de empresa, representa la faz negativa,
reaccionaria del proyecto capitalista. De este modo el complejo horizonte
político del capital alcanza el nivel del proceso del trabajo y la urgencia de
dominio general sobre el desarrollo articulando la tentativa de determinar en
una nueva forma la composición orgánica del capital. Así se da un concepto
puramente político, de articulación entre masificación de la producción y
función del comando dentro de ella. La sobreabundancia del capital –fruto de la
emergencia obrera masificada– ha quemado la posibilidad de determinar la
composición orgánica como relación entre tiempo de trabajo y la productividad
diversa entre las diversas ramas de la división del trabajo. El aplanamiento
del trabajo debe ahora tener como correlación la permanencia de la forma del
valor del trabajo, la forma del comando capitalista, la forma del comando de
fábrica sobre toda la sociedad. Desde este punto de vista la empresa –como
fábrica- se confirma como concepto del capital producto de los patrones,
adecuado a sus exigencias de hoy, como categoría específica del capital en la
fase que atravesamos de relación de fuerzas entre las clases. Desde este punto
de vista la combinación dispuesta relativa a la compleja fluidificación del
trabajo sobre el ciclo entero de producción y a la selección de las funciones
de imperio al interior del ciclo mismo –es todo lo que se llama automatización–
conquista un rol en la historia del desarrollo capitalista que puede ser
parangonado al del taylorismo y del fordismo en los años 20: entonces masificación
contra la base profesional de la organización obrera, hoy participación
selectiva contra la base masificada de la organización obrera.
Es
el momento de extender algunas anotaciones concluyentes incuso sobre este
argumento. De todo esto resulta que el capital -en forma alternativa, o mejor,
en concomitancia con el uso de la crisis– en este nivel de la tendencia intenta
capitalizar la revolución, mistificando la emergencia del trabajo abstracto
como sujeto masificado en una composición fluida y aplanada del trabajo
productivo, dentro de la cual la única emergencia resultante y calificante es
la de la empresa, de la reproporción sobre todo el trabajo social de la norma
del comando del trabajo de fábrica. Esta es la vía que el capital toma al seguir
la causa que ha determinado el despedazamiento del estado-Plan, al interpretar
y controlar el movimiento de clase que ha destruido el Estado keynesiano del
´29. Si este es el tipo de línea impuesto -en la dialéctica de la relación
entre las clases en lucha– al capital, resultan confirmados los motivos de
polémica en la confrontación de toda impostación subjetivista del problema de
la organización obrera revolucionaria. La necesidad de la organización política
comunista de los obreros y de los proletarios para la insurrección, es tan
urgente y en un todo relevante para que un análisis de la tendencia tenga
motivaciones más radicales que una elección “voluntarista”. Subvertir la
articulación capitalista del comando sobre el trabajo social que se ejercita a
partir y a través de la empresa constituye por el contrario la tarea táctica
primaria de la organización revolucionaria: sin la dilucidación de esta función
específica, el mismo empuje macizo comunista de la masa corre el riesgo de ser
anulado en la represión (no en la de los jueces, sino en la material del
sistema), de modo de no producir efectos inmediatos de organización.
Comenzamos diciendo que no bastaba seguir la
capacidad de ruptura de la tendencia, que era necesario tomar la especificidad
del comportamiento y del proyecto de los sujetos del antagonismo. Ahora cuenta
el análisis del comportamiento del adversario de clase, comienza a configurarse
el problema, el pasaje determinado que la organización revolucionaria de los
obreros debe cumplir: gestión de la apropiación social de parte de la masa,
junto a la ruptura del sostén político, del símbolo teórico, la función de
arrastre del capital hoy en día, de la empresa. El problema nace del hecho que
no se trata de dos temas, sino de uno solo: de mover a todos los trabajadores
masa contra la fábrica, desencadenar todo el trabajo abstracto contra la forma
del valor de cambio, de nuevo contra la fábrica. Este es hoy el tema de la
organización obrera en relación al problema de la composición orgánica del
capital.
6. Reflexiones interlocutorias sobre
algunas objeciones de método: la tendencia, la ciencia y la práctica
Un breve paréntesis metodológico, en este punto.
Dos objeciones fueron alzadas en otro tiempo contra el tipo de razonamiento que
llevamos adelante aquí: uno, el del economicismo, es decir el confiarse al
determinismo de la tendencia postulando una traducción inmediata de esa
realidad (esto es desarrollando la especificidad determinante que la realidad
presenta y la forma específica de dominarla); la otra objeción, complementaria,
es la del idealismo, esto es el subjetivizar la articulación polar de la
tendencia, individualizar contradicciones y antagonismos -olvidando con esto la
serie de operaciones prácticas que ninguna individualización determinada
–organizativa– implica: que el idealismo se haga espontaneísmo.
La práctica ha hecho justicia con estas
objeciones. Por tanto cerraríamos con ellos, si no fuese que –al responderle–
podremos profundizar nuestro punto de vista. Veamos la primera. Para responderla
es necesario aclarar que es la tendencia. La tendencia no es en nuestro caso
una ley que recorre, necesaria e ineluctablemente, la realidad: la tendencia es
un esquema general, que, a partir del análisis de los elementos que componen
una situación histórica, se establece sobre ella como definición de método, de
orientación, de directiva para la acción política de masa.
La tendencia es la previsión determinada
relativa a la dialéctica material que desarrollarán los hechos que así son
comprendidos. La tendencia es la explicitación práctico-teórica del punto de
vista obrero en una época histórica determinada. En este sentido la tendencia
puede, al describirla, definir que la contradicción es un camino opuesto al que
recorre el determinismo económico: la tendencia puede ir de lo simple a lo
complejo, de lo concreto a lo abstracto, para conquistar un horizonte teórico
pleno y adecuado dentro del cual simplicidad y concreción de los elementos de
los que ha partido el discurso adquirido se significan.
Lo concreto es concreto porque es síntesis de
muchas determinaciones, por tanto unidad de muchas piezas. Por esto, el
pensamiento mismo se presenta como proceso de síntesis, como resultado y no
como punto de partida, aunque ese sea el punto de partida efectivo y por
consiguiente el punto de partida de la intuición y de la representación. Por la
primer vía la representación concreta se ha volatilizado en una determinación
abstracta; por la segunda la determinación abstracta condujo a la reproducción
del concreto en el camino del pensamiento (Elementos fundamentales, I, p.27).
Por consiguiente al presentarse como método
rígido y determinista, el procedimiento de la tendencia representa una aventura
de la razón en su encuentro con la complejidad de lo real, y la razón acepta el
riesgo de esta aventura: la verdad de la tendencia está de hecho en su
verificación. Otra que economicismo! Después de haber descripto este método Mao
anota: "De este modo nos alejamos del materialismo pero, rechazando el
materialismo mecanicista, defendemos el materialismo dialéctico" (39) En
efecto toda la inversión de la dialéctica hegeliana en los clásicos, de Marx,
Lenin y Mao, se resuelve en un proceso de descomposición del horizonte
determinista, en la tentativa de relacionar dentro de la crítica de la economía
política el análisis de la complejidad de lo concreto -por tanto la traducción
práctico-política de la previsión teórica es en última instancia el poner en
este nivel el problema de la organización. Se nos ha acusado entonces, lo que
sería más correcto, que de economicismo, de estar todavía queriendo resolver el
problema de la organización; que se nos acusa lo aceptamos críticamente,
impregnando el trabajo para resolverlo, en el movimiento.
Si
se verifica la validez del método de la tendencia en la práctica de la
organización, incluso la segunda de las objeciones que ha menudo se ha rebelado
contra el método -el idealismo, el espontaneismo- se hace menor.
El asumir la polaridad de la tendencia, de sus
contradicciones y la posibilidad de transformarla en antagonismo, en proceso
revolucionario y en iniciativa insurreccional, no constituye de hecho un
procedimiento hipostático en la confrontación de la realidad analizada, es sino
el presupuesto de cualquier análisis que se quiera significativo. La verdad
objetiva al principio no es tal. Se construye en la lucha, por la lucha, por la
transformación de la práctica. El análisis marxista determina la realidad
contra la que se dirige imponiendo desde el inicio el punto de vista de clase
como esquema operativo de parte del trabajador, como intención revolucionaria:
es un acto de fuerza en la confrontación de lo real, su verdad y el resultado,
es a partir de la voluntad política del resultado que el análisis se vuelve
hacia atrás: consecuentemente "la anatomía del hombre es la clave para la
anatomía del mono" (40) Sólo una praxis así determinada se permite
constituir una objetividad para nosotros significativa: "La verdad es un
proceso. De la idea subjetiva el hombre llega a la verdad objetiva a través de
la praxis” (41) No se trata de un proceso indeterminado, sino de una práctica
determinada. Escribe Lenin, y repite Mao: "La práctica es superior al
conocimiento (teórico) ya que en ella está no sólo la dignidad de lo universal,
sino también la dignidad de la realidad inmediata" (42) Se nos ha querido
acusar, pero no se ha acusado de subjetivismo a la teoría –ya que esta es una
característica del materialismo dialéctico "como reconocimiento abierto
que eso sirve al proletariado" (43) sino de no haber caracterizado que
tanto de realidad inmediata de esta nuestra práctica constituye la
organización. Pero en este terreno, y para este fin trabajamos.
Es a partir de estos presupuestos que el
análisis de la tendencia descubre el pasado -como presupuesto fijado- los
antagonismos objetivos que hoy el punto de vista de clase quiere exaltar, y el
pasado verifica, los mecanismos de control, de recomposición de una dialéctica
de capital que hoy el punto de vista de clase quiere destruir. La existencia de
la clase obrera es producción continua de antagonismo determinado.
La época de la historia de la clase obrera es
señal de la emergencia de un antagonismo específico, y es en torno a esto que
se desarrolla la lucha, y es en torno a esto y en función de la explosión
revolucionaria que se construye la organización. Así como en el período de
Desde este punto de vista, la feliz paradoja
del método se ilustra de nuevo. Vale decir que lo que quería ser un
comportamiento determinista y economicista, persiguiendo a la tendencia, sus
contradicciones y el antagonismo específico en ella presente, se ha invertido
verdaderamente: el cuadro constituido de la dialéctica entre voluntad comunista
de la masa y forma de comando de la empresa, de hecho, cualquier elemento de
valor, cualquier momento sociológico de definición relativa a la colocación de
los elementos viene disolviéndose en lo político que domina y subordina lo
social. Esto acontece al interior del proceso tendencial que la lucha de
clases, la incesante dialéctica que la caracteriza, ha producido. Y este
dominio de lo político sobre lo social podemos verificarlo como un tejido sobre
el que ejercitar una redefinición, en parte ya esbozada, de una categoría
fundamental del análisis marxista: que el capital naturaliza el comando de
empresa, se desengancha del valor y se realiza en el plano de relación de
fuerza; la composición orgánica se da como relación de factores no más en forma
intrínseca sino políticamente sobredeterminados. Cuál es entonces, el contenido de la nueva forma de
categoría científica del análisis marxista -también en esto sigamos las
indicaciones de los clásicos.
La actividad del hombre que se ha hecho un
cuadro objetivo del mundo transforma la realidad externa, de allí anula la
determinación (= transforma esto y aquello de su aspecto, de su cualidad) y de
este modo le saca el trato de velo, de exterioridad y de nulidad, y le rinde
existencia en sí y por sí (= objetivamente verdad) (Lenin, Cuadernos
filosóficos, pp. 212-213).
La tendencia es por tanto el horizonte de un
sujeto que se produce dentro de un cuadro determinado, dentro de este cuadro
determinado se pone en relación y, sobretodo, en este proceso se transforma a
sí mismo y con ello al cuadro de referencia. La lucha de la clase trabajadora
es el medio y el motor de esta transformación, junto a la objetividad sobre la
que se aplica, contra la que se mueve y la subjetividad misma que representa.
La lucha del proletariado y las masas
populares revolucionarias para la transformación del mundo implica la
realización de las siguientes tareas: transformación del mundo objetivo y a un
tiempo transformación del propio mundo subjetivo, transformación de la propia
capacidad cognoscitiva, transformación de los nexos entre el mundo subjetivo y
el mundo subjetivo (Mao Tse Tung,
Escritos selectos, I, pág 382).
Ser dentro de este proceso es la condición
fundamental para ubicar el problema de la organización, desarrollar la
tendencia a fin de proclamarla en primera persona, hacer vencer el proyecto que
ella contiene, y resolver el problema de la organización y organizarse.
Una última anotación. Cuanto de lo dicho sirve
para aclarar el punto de vista de lo que se mueve, no es seguro para resolver
el problema planteado. Esto sería idealismo puro y simple! Aunque aún sirve -si
no a resolver- seguro a delinear la solución en términos correctos, a proponer
un estilo de trabajo que debe corresponder del principio al fin a una exigencia
fundamental: la de desarrollar la temática de la organización, de su programa
-incluso del programa y de la iniciativa más fuerte y dura- el contacto y la
simbiosis con el movimiento de masas. Y esto vale sobretodo para el problema
del tiempo del trabajo revolucionario. Sobre estos presupuestos el problema del
tiempo no es confiado a la previsión teórica de un cierto contrato determinado,
a la expectativa de algún futuro, ni de una coyuntura que depende de una
relación externa a la relación de clase. El tiempo del proceso de organización
y el del proceso revolucionario pueden ser identificados al interior de la
relación con el movimiento de masa que tiene éxito en determinar. Cualquier
otra expectativa, cualquier otra entrega es sólo oportunista. Acelerar o
retrasar el tiempo, es responsabilidad revolucionaria y basta.
7. Contra el comando de empresa: la
organización de la insurrección en la nueva composición de la clase
trabajadora.
Volvamos al problema de la organización sobre
la base del resultado de la precedente indagación relativa a la nueva
composición del capital. Como a menudo se ha repetido, para nosotros es
fundamental la verificación de la "objetividad" de nuestro discurso
-tener éxito al implantar un discurso sobre la organización que responda al
proyecto programático, por consiguiente a la determinación de la relación entre
voluntad de subversión y realidad de la cosa por subvertir. Andaremos mucho más
en la consideración de las posiciones que normalmente, tradicionalmente aparecen
en las discusiones entre marxistas acerca del problema de la organización: no
abandonaremos la llave de la relación entre organización y composición del
capital porque eso da a la teoría el soporte negativo de un fundamento real a
invertir -la determinación del capital como adversario directo, sujeto del
antagonismo-, y el soporte positivo de un referente construido en el mismo
desarrollo capitalista, colocando en la composición del capital, el soporte del
proletariado como sujeto revolucionario respecto a la determinación de una
relación material.
Ahora, en lo que respecta al programa, hemos
ya insistido previamente sobre el tema de la gestión de masa de la apropiación.
La apropiación y la propia calificación del comportamiento de clase contra el
estado del desvalor, del comando de empresa, es ahora como antes era la
autonomía en la propia calificación del comportamiento de clase contra el
Estado-plan, el de las proporciones generales determinadas entre trabajo
necesario y plusvalor producido. La apropiación es el revelarse de una nueva
figura de sujeto histórico revolucionario, es el trabajo abstracto hecho
generalidad e individualidad conjuntamente, reconocimiento que la forma de la
producción pasa siempre más de la
contradicción al antagonismo con la fuerza social de la producción. El programa
-dentro de esta composición de clase-debe ahora desarrollarse en el terreno de
la apropiación generalizada, de la gestión de masa, la conexión a la riqueza
social reconocida como propia. En esto se expresa el individuo social de la
producción que reconoce en el modo actual de producción un traje muy ajustado a
las propias posibilidades, el comunismo es la única realidad adecuada a la
propia emergencia. Desde este punto de vista, los cuadros de la organización
revolucionaria son todos los que han alcanzado este nivel de conciencia y a que
a partir de éste son promotores, guías, provocadores de la acción de masas para
la apropiación. Desde este punto de vista la acción para la apropiación es el
terreno normal, continuo, inmediato sobre el que se ejercita el programa, el
horizonte de la constelación de acciones tácticamente eficaces en la
recomposición de una revuelta general y masificada.
Dicho esto, todavía, se toca sólo un elemento
del discurso. Como se ha visto, la especificidad de la situación no consiste
sólo en el emerger de la figura proletaria masificada sino también en la
relación que se extiende entre esta emergencia y la forma de empresa de la
explotación. Tratándose del primer nivel, no sólo la organización peca por
ceguera estratégica y por ineficacia conclusiva, sino sobretodo -como siempre
cuando la dialéctica cojea– se expone a toda la trampa del reformismo y
consecuentemente del oportunismo al propio interior. Ciertamente la apropiación
es en sí un elemento contradictorio con la forma capitalista del dominio sobre
el modo de producir: pero no habíamos ya visto la forma de empresa del capital
desarrollarse precisamente como capacidad de hacerse insignificante, de
diluirse en el tiempo, de recuperar la propia dialéctica circular y mediar –al
límite, de destrucción de la crisis– el individuo social proletario? Hoy el
mismo reformismo del movimiento obrero tradicional puede en ciertos casos
imputarse esta “buena fe”, en términos marxistas, esta falsa conciencia.
El segundo problema fundamental del programa revolucionario es entonces el de la estimación correcta de la relación entre proletarización y forma de empresa del dominio capitalista sobre el modo de producir. Y en este nexo, sobre este intercalarse de motivos el capital proyecta y forzosamente rige la propia supervivencia, es sobre la composición política de capital que solamente puede ejercitarse la voluntad de revolución. Si se pelea de hecho con la sobredeterminación política que muestra el control sobre el movimiento unificado del proletariado, con la especificidad de esta, la organización no se da como organización revolucionaria. Decir esto es reconocer todavía una vuelta a la naturaleza de la empresa como función de arrastre del modo de producción capitalista en una situación en la que el equivalente general entre fuerza de trabajo pasada y plusvalor pro